jueves, 23 de agosto de 2012

Crisol para todo tipo de razas…


Se abrieron las puertas y ejemplares de todas las razas corrieron ágilmente para ubicarse en la mejor posición y así poder obtener su ambicionado premio.  Peludos, recién afeitados, pequeños, altos,  finos y callejeros, en fin había de todo.

Comenzaba la función y entre gruñidos, miradas atentas y cabezas ladeadas, cada uno trataba de entender aquel nuevo ambiente. Adentro los jueces y funcionarios, serían los encargados de validar las características de cada espécimen, para así permitirle continuar en esta competitiva justa.

Desde el primer momento y ante la cantidad de diversos participantes, las razas afines se buscaban con su olfato, para integrar grupos comunes y así sentirse mas fuertes, ante  algunos que mostraban sus filosos dientes, como diciendo “a mi tu no me jodes”.

El grupo sabía que las cosas no serían fáciles y que entre el calor, los mosquitos, la presión  y otras condiciones, se tornaría en una carrera de resistencia, que solo sería  ganada por los mejormente preparados o con mayor fortaleza.

Cada quien hacía gala de sus condiciones y por medio del lenguaje característico de la especie, se lanzaban avisos y frases que daban a entender que estaban dispuestos a llegar hasta el final.

Afuera estacionadas pacientemente, se podían ver hasta 4 jaulas o camionetas de los agentes del orden, dispuestas allí para que todos supieran, que el que no atendiera las ordenes de los jueces, intentara atacar a otro asistente o peor aún, hiciera sus necesidades en las áreas no dispuestas para ello, sería enjaulado y hasta retirado del evento. Ya pasada la tarde, se pudo ver a dos con pinta de Chihuahuas, ser arrastrados por la fuerza y  lanzados dentro de las enrejadas y frías carcasas.

Llegada la primera noche, se escuchaban  aullidos como de película de terror. Algunos de hambre y desesperación por el encierro,  otros de dolor, al haber sido descalificados. Lo olores de la comida, desechos y excremento se mezclaban, haciendo insoportables algunas áreas de la arena; las razas minoritarias, afinaban estrategias de defensa, adoptando posiciones en donde algunos dormían y los machos “alfa” de la raza, se turnaban para hacer guardia y cuidar a sus hembras.

Amaneció y comenzaron a medida que abrían sus ojos, a estirarse y sacudirse, listos para otra jornada de evaluación. Según el programa, se hablaba de pruebas de saltos y cruce de obstáculos; situaciones  que seguramente harían que otro número de participantes fuera eliminado. Los nervios y estrés se hacían presentes en las filas, los tropiezos y dentelladas se hacían cada vez mas comunes. Allá en sus sillas,  los jueces de manera pausada seguían su trabajo sin entender el nivel de nervios que afectaba a cada concursante. Inclusive, cuentan que se escuchó decir a uno de los calificados árbitros, que las especies locales o nacionales, eran suficientes como para seguir evaluando las foráneas.

Cada interminable día que pasaba, se eliminaban o clasificaban seres, el ambiente estaba tenso y los pertenecientes a una raza proveniente de la India, se mostraban muy hostiles. De piel oscura y ojos negros, erizaban su liso pelaje para advertirle a las demás razas que sabían morder y bien duro. También resultaba curioso poder ver a razas de diferente origen y características, comiendo del mismo plato y hasta dándose calor en las noches de brisas y temor, momento en el que reinaban la incertidumbre y la vulnerabilidad.

Siete días transcurridos, ya faltaba poco para finalizar esta prueba de poder. Afuera, recostados de las reja y con ojos tristes quedaban algunos de los eliminados, con la esperanza de que algún “facilitador” con contactos en el concurso, les permitiera volver a entrar, eso sí seguramente con algún costo adicional. Adentro los pocos que habían logrado ser fotografiados y certificados con su documentación de “Raza Vacunada” saltaban o corrían de un lado para otro, mostrando su alegría.

Ya los aullidos no se escuchaban, en cambio los sonidos como de risas, agradecimiento y celebración, inundaban el local, contagiando a algunos jueces, quienes en buen gesto, pasaban su mano por la grupa de estos felices afortunados, quienes ahora por 2 años mostrarán en su collar una placa que los acredita como raza libre de plagas o mal de rabia.

Nota: Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia…

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